Con dos muelas menos y yo con estos pelos…
Miércoles Julio 23rd 2008, 20:41
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Hay días en que te levantas cansado y por aquellas cosas que da el propio día te sumerges en una nube de energía que poco a poco te va llenando, y a pesar de que las cosas no vienen del todo rectas al final te das cuenta de que no ha pasado un día más: ha sido extraordinario.

Otro mañana más, pequeñas alteraciones ya te notifican que el día empieza de una manera diferente; la felicidad no es, esta llega más tarde cuando todos los enlaces sinápticos se han alineado ante el aroma de un café - he chicos que es por aquí - ¡pues que le vamos a hacer! - el tiempo de dormir se ha acabado y te pones en marcha, sin pensar mucho más allá en ese pequeño detalle que ya te estaba informando de lo que se avecinaba.

Desarrollas el día con normalidad, para la que es de cada uno me refiero. Pones el primer pie en el suelo, eso te informa que todo sigue en el lugar donde lo dejaste ayer, pones el otro pie y piensa: ¡vaya que lástima! no estoy colgando de un precipicio, y con ello te impulsas a un movimiento tan cotidiano que tu cerebro podría… nada, está desconectado - ni Carlos lo arranca - continuas ya que no hace falta que digas nada. Empiezas poco a poco a desarrollar movimientos, conceptos, vivencias, experiencias que se almacenan en ese estupendo baúl que es: me levanto y voy a trabajar y, que se une a otros cientos de folios que ponen lo mismo. Por ello no los distinguimos, son todos iguales… todos… como los galos, ¡no!

Medianamente despierto y curado de lo que te había pasado tan terrible el día anterior que te sumió en el más dulce de los sueños, repartes tu moléculas con la persona a la que más estimas, en un gesto que a pesar de ser cotidiano te sigue pareciendo por un momento único, luego se mezcla con los demás, pero deja regusto. Que sensaciones tan maravillosas se empiezan a ver cuando caminas al metro. Alguien debería hacerle una oda al trayecto al metro. Está lleno de matices, estos a diferencia de los primeros si los analizas, pero desde la ensoñación: vaya mira, un nuevo local se pone en alquiler, aquel otro tiene toda la pinta de que va abrir su puertas dentro de poco, ¿quién vivirá en aquel piso que tiene las ventanas abiertas? ¿aquel personaje me está mirando a mi? Con estás y otras elucubraciones llegas al transporte público y te desplazas en él, pero esta es harina de otro costal que ya se comentará a futuro - Mmmmmhhhh!!!! el Metro, que lugar ¿no?

Después de un día de reunión en reunión y tiro por que me toca - ¡no! me tocaba a mi - pues nada sigue tu con tu historia. Terminamos la tarde con dos muelas menos y sin haber llegado a la conclusión de que es lo que me decía la mañana para que estuviera pensando en ello todo el día. Será mejor que intente preguntárselo al jueves a ver si el sabe algo. ¡Oye! quien sabe si es el misterio para conseguir que todo deje de moverse, o mejor aún para conseguir tener un precipicio a los pies.

Buenas noches mundo,


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